Gastronomía

A Cañiza: parada y fonda


Así la conocían desde antaño los viajeros que recorrían su calle principal. Desde mediados del siglo XIX, la Villa ya era lugar de tránsito y su población creció entorno a la carretera que unía el litoral con la meseta y la Capital. Con el paso del tiempo, los vecinos dedicaron su buen hacer culinario a los demás y así, muy discretamente, comenzaron a aparecer los primeros negocios hosteleros. Era una cocina muy casera, cocina que aún hoy en día se sigue conservando en algunos establecimientos.

Galicia es una de las comunidades autónomas con mayor oferta gastronómica. Oferta que va acompañada, además, de garantía y sello de calidad. Sus pescados, mariscos y carnes no tienen competidor en el mercado hostelero. Y si hablamos de carnes, A Cañiza tiene mucho que decir y más que ofrecer. 

En 2017 A Cañiza festejó la 51 Edición de la Feria del Jamón que viene celebrándose ininterrumpidamente todos los 15 de agosto desde el año 1967. En esta feria se degusta el jamón en media docena de especialidades con un éxito de visitantes sin precedentes; jamón curado, jamón asado, tortilla de jamón, empanada de jamón y jamón cocido en vino tinto.

Esta Feria se convirtió por mérito propio en el mejor escaparate para exhibir a los visitantes las delicias del jamón de A Cañiza que en nuestra localidad alcanza un nivel de curación único en Galicia. El secreto reside en nuestro especial microclima que permite que este producto alcance el nivel óptimo debido al clima seco y muy muy frío. Además el trabajo de nuestros jamoneros aporta al jamón un sabor único.

Pero A Cañiza también es conocida por sus cocidos que, en invierno, saborean cientos de exigentes paladares. Y aunque el cocido cañicense no tiene tanta proyección publicitaria como sus famosos jamones, lo cierto es que cada vez resulta más difícil reservar mesa y mantel para degustar este tradicional plato.

El cocido se prepara en esta Villa durante todo el año, aunque es en la temporada de caza y en las estaciones frías y lluviosas cuando se hace más apetecible probarlo. Y si continuamos hablando de preferencias, los cañicenses saben bien que cuando realmente sabe el cocido es un mes después de la matanza, que se suele celebrar a primeros de diciembre, cuando el frío es más cortante, precisamente para que las carnes se endurezcan, curen apropiadamente y alcancen el grado de curación idóneo.

“Chorizo de cebolla y de carne, fuciño, rabo, orella, cacheira, lacón, touciño, costilla de cerdo” son algunos de los ingredientes de este cocido que se complementa con pollo, patatas, habas, garbanzos, zanahorias y riquísima verdura o repollo. Si además decide visitar A Cañiza en enero o febrero podrá degustar, como añadido, los riquísimos “osos da Xoán”. Todo ello acompañado con pan de maíz, nueces y uvas y regado por vinos blancos o tintos, a gusto del cliente, que en esta zona tan próxima a la ribeira se cosechan y preparan con una excelente calidad. Antes o después de este plato, el cliente también puede pedir un plato de caldo para continuar calentando el estómago y, como no, el ánimo. Y como en toda buena comida, no puede faltar el postre. Natillas caseras, leche frita, miel con requesón, chulas o filloas rellenas son algunas de las sugerencias de los hosteleros. Todo ello acompañado de un buen café y un chupito de augardente de hierbas o licor café.

Pero además  en algunos establecimientos también se puede degustar un exquisito Cochinillo de cerdo celta al horno. Otra delicia culinaria.


Y como no hay nada mejor que probar uno mismo el menú para poder opinar y teniendo en cuenta lo cerca que está A Cañiza, visitar esta villa bien podría valer la pena como alternativa para un fin de semana.

Los restauradores de la zona estarán encantados de atenderles.

Buen provecho.

 

 

 

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